Lemon tree

Video

Como ya adelanté hace unas semanas, inauguro la sección "Psicología en canciones" con este temazo noventero que probablemente much@s llevéis años tarareando sin prestar demasiada atención a la letra.

Porque sí, suena alegre, tiene un ritmo pegadizo y dan ganas de mover la cabeza como si la vida fuese estupendamente. Pero ocurre algo curioso.

Si escuchas lo que dice el protagonista, te puedes dar cuenta que no está precisamente celebrando su mejor momento. Tampoco está viviendo una tragedia griega, ni le persiguen, ni acaba de sufrir una ruptura devastadora ni ha perdido toda su fortuna en criptomonedas. Simplemente está en casa, solo, y aburrido, mirando por la ventana, esperando que pase algo.

¿Te suena? A mí esta canción siempre me ha parecido una forma muy original de hablar de la soledad. No de la soledad de quien no tiene a nadie alrededor, sino de la soledad de quien pasa demasiado tiempo encerrado con sus propios pensamientos. Y aquí aparece una idea importante de la psicología. El neurocientífico John Cacioppo, uno de los mayores investigadores sobre la soledad, insistía en diferenciar dos cosas que solemos confundir: estar solo y sentirse solo. La soledad no depende tanto del número de personas que tenemos alrededor como de la sensación subjetiva de conexión que experimentamos. Por eso alguien puede sentirse profundamente acompañado viviendo solo y, al mismo tiempo, tremendamente aislado en medio de una multitud. 

Hay personas que disfrutan enormemente de pasar tiempo consigo mismas. La buscan, la necesitan y la convierten en un espacio de descanso. Pero cuando esa soledad deja de ser elegida y empieza a sentirse como un encierro, la experiencia cambia por completo, y entonces aparece otro de los protagonistas de la canción: el aburrimiento.

El aburrimiento durante mucho tiempo se consideró una simple molestia sin demasiada importancia. Sin embargo, el psicólogo John Eastwood lo define como la desagradable experiencia de querer involucrarse en una actividad satisfactoria y no conseguirlo. No es simplemente no tener nada que hacer, sino tener dificultades para conectar con aquello que tienes delante. Y cuando eso ocurre, la mente rara vez permanece quieta. Más bien empieza a fabricar contenido propio: repasamos conversaciones pasadas, dudamos de decisiones que ya tomamos, inventamos escenarios improbables, nos hacemos preguntas existenciales a las once de la noche como si nuestro cerebro hubiera decidido abrir un podcast filosófico sin nuestro consentimiento...

El protagonista de Lemon Tree parece atrapado exactamente ahí. Por eso siempre he pensado que esta canción también puede leerse como una descripción bastante precisa de la rumiación mental (ese hábito tan humano de dar vueltas y más vueltas a los mismos pensamientos sin llegar realmente a ninguna parte).


¿Y qué crees que representa entonces el famoso limonero? Personalmente, me gusta verlo como una metáfora de algo que hacemos constantemente: poner la atención en lo que falta en lugar de en lo que ya está presente.

El árbol, el día, están ahí, pero la vida sigue avanzando. El protagonista parece incapaz de conectar con ella porque está demasiado ocupado esperando que ocurra algo diferente.

Desde la psicología esto recuerda a un fenómeno muy estudiado llamado adaptación hedónica. Investigadoras como Sonja Lyubomirsky han mostrado cómo los seres humanos tendemos a acostumbrarnos sorprendentemente rápido a aquello que tenemos, incluso cuando antes era exactamente lo que deseábamos. Lo extraordinario se vuelve cotidiano y la satisfacción parece mudarse permanentemente unos metros más adelante, y la felicidad se convierte en una zanahoria psicológica que nunca termina de alcanzarse.

Hay otro detalle fascinante en Lemon Tree, y es la contradicción entre la música y la letra. La melodía es luminosa, ligera y optimista. El mensaje, sin embargo, habla de aburrimiento, la desconexión y una sensación de vacío bastante evidente. Y seamos sincer@s...

¿No recuerda un poco a las redes sociales? Sonrisas en las fotos, historias aparentemente perfectas, todo parece ir mejor que bien...Mientras tanto, la cabeza puede estar funcionando en un canal completamente distinto. Quizá por eso esta canción sigue resultándome tan actual. Porque describe algo que tod@s hemos experimentado alguna vez: ese momento en el que descubres que el problema no es estar sol@, sino no saber muy bien qué hacer con todo lo que aparece en tu mente cuando el mundo se queda en silencio.

Está, para mí, es la gran conclusión psicológica de la canción: la salud mental no consiste en llenar cada minuto con ruido, planes o distracciones, a veces consiste justamente en lo contrario: en aprender a convivir con nosotros mismos sin que nuestra mente convierta una tarde tranquila en una junta extraordinaria de preocupaciones.

Porque, al final, puede que el limonero no sea más que una excusa. La verdadera historia de la canción ocurre dentro de la cabeza del protagonista. Y, si somos honest@s, tod@s hemos tenido alguna vez una casa en ese barrio.

¿Te ha gustado este post?

Estaré encantada de leer tus comentarios.


Comentarios