La Psicología, con toda su elegancia científica, también tiene sus pequeños tropiezos lingüísticos.
A veces hablamos con tanta pasión sobre emociones, pensamientos y conductas que terminamos diciendo dos veces lo mismo sin darnos cuenta. Es casi poético: la mente intentando explicarse… repitiéndose.
Pero no somos los únicos…Incluso autores célebres, desde divulgadores hasta terapeutas icónicos, han caído en estos giros redundantes que hoy os invito a analizar con humor y cariño.
Uno de los pleonasmos más frecuentes es “ansiedad anticipatoria del futuro”. La ansiedad anticipatoria, por definición, ya mira hacia adelante. Aun así, es una expresión que se ha colado en conferencias y entrevistas de profesionales muy respetados. Daniel Goleman, por ejemplo, en alguna charla sobre inteligencia emocional, ha hablado de ‘anticipatory anxiety about future threats’, probablemente para enfatizar el matiz temporal, aunque técnicamente no hacía falta. Pero quién puede culparlo… cuando uno intenta explicar cómo funciona el cerebro bajo estrés, a veces el lenguaje se adelanta más que la amígdala.
Otro clásico es “pensamientos intrusivos que se meten en la mente”. Aaron Beck, padre de la terapia cognitiva, solía describir los intrusive thoughts como ‘thoughts that enter the mind uninvited’. ¿Redundante? Sí. ¿Efectivo para que el público general lo entienda? También. Beck sabía perfectamente que “intrusivo” ya implica irrupción, pero reforzar la imagen ayudaba a que la gente visualizara el fenómeno. Y al final, la Psicología también su mucho que ver con la Pedagogía.
Luego está la expresión “emociones internas”, que aparece en textos divulgativos desde hace décadas. Carl Rogers, en su afán por transmitir la autenticidad emocional, hablaba a veces de ‘inner emotional experiences’. ¿Hace falta decir que las emociones son internas? No. ¿Ayuda a subrayar que son vivencias subjetivas, íntimas, profundas? Muchísimo. Rogers no pecaba de redundante por descuido, sino por sensibilidad.
Algo parecido ocurre con “conductas observables que se ven”. B. F. Skinner, en su cruzada por separar lo medible de lo mentalista, repetía en ocasiones que la conducta debía ser ‘observable and visible’. ¿Visible? Sí, gracias, Skinner, lo imaginábamos. Pero su insistencia tenía un propósito: marcar territorio epistemológico. (A veces la redundancia es un arma retórica).
El pleonasmo “trauma emocional” también es muy común. Gabor Maté, en sus charlas sobre trauma y desarrollo, suele hablar de ‘emotional trauma’ para diferenciarlo del daño físico. Técnicamente, en Psicología , “trauma” ya implica impacto emocional, pero en divulgación la aclaración evita malentendidos. La redundancia, en este caso, funciona como un puente entre el lenguaje clínico y el cotidiano.
La “autoestima personal” es otro ejemplo delicioso. Nathaniel Branden, uno de los grandes teóricos del concepto, utilizaba a veces la expresión ‘personal self‑esteem’ en entrevistas para remarcar que no hablaba de valoración social, sino de autovaloración. ¿Redundante? Sí. ¿Útil para el público general? También. A veces la precisión conceptual exige un pequeño rodeo lingüístico.
Y no podemos olvidar el entrañable “vínculo afectivo emocional”. John Bowlby, en sus textos sobre apego, hablaba de ‘emotional bonds’ y, en alguna ocasión, de ‘affectional emotional bonds’. ¿Doble adjetivo? Sí ¿Exceso? Quizá. ¿Estrategia para subrayar que el apego no es solo conducta sino emoción profunda? Absolutamente.
Incluso expresiones como “sesgo cognitivo mental” han aparecido en charlas divulgativas de autores como Steven Pinker, que en su afán por explicar cómo pensamos, a veces añade ‘mental’ para reforzar que no habla de sesgos sociales o culturales, sino de procesos internos. El pleonasmo, en estos casos, es casi un gesto didáctico.
Y luego está el maravilloso “proceso terapéutico de terapia”, que aparece en folletos institucionales, webs de clínicas y discursos de profesionales que, como Irvin Yalom, a veces repiten conceptos para enfatizar la dimensión humana del encuentro terapéutico. Yalom no lo dice por error, sino porque su estilo narrativo es circular, envolvente, casi meditativo.
Lo mismo ocurre con “comunicación verbal hablada”, que ha aparecido en textos de Paul Watzlawick cuando explicaba la diferencia entre comunicación digital y analógica. A veces, para que el lector no se pierda, un@ necesita recalcar lo más obvio.
Al final, estos pleonasmos no son fallos, sino huellas humanas en el lenguaje psicológico. Surgen por énfasis, por claridad, por costumbre o por pura pasión comunicativa. Y aunque podamos afinarlos para ganar precisión, también nos recuerdan que la Psicología no es solo ciencia: es conversación, metáfora, pedagogía… es intentar poner en palabras lo que sentimos, aunque a veces eso signifique que lo digamos dos veces.
Quizá repetir sea, en el fondo, una manera de comprendernos mejor; porque la mente, cuando se explica, siempre hace eco.
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