10/Octubre. Día Mundial de la Salud Mental

Hay algo curioso con la salud mental.

Tod@s estamos de acuerdo en que es importante. Lo repetimos en campañas, en redes sociales, en tazas de desayuno y hasta en calendarios corporativos donde alguien, probablemente agotad@ y sin ideas novedosas, ha diseñado una diapositiva que dice “tu bienestar es nuestra prioridad”…

Cuando pensamos en salud mental, solemos imaginar algo que ocurre en una consulta, en un libro de autoayuda o después de una crisis, pero la verdad es mucho menos espectacular, porque la salud mental ocurre cuando una persona normal toma decisiones normales en un día cualquiera, o cuando decide acostarse media hora antes, o cuando llama a alguien en lugar de tragarse sol@ una preocupación, cuando reconoce que no puede con todo, cuando deja de compararse con la versión editada de la vida de los demás o cuando, simplemente, se da permiso para ser mediocre durante un día sin sentirse culpable por ello.

Porque sí, a veces la salud mental consiste en grandes cambios sin tener que llegar a declarar la Tercera Guerra Mundial porque has perdido las llaves.


A menudo asociamos tener este tipo de sabiduría psicológica a personas con muchos títulos. Y si, los títulos importan. La investigación importa. La ciencia importa. Pero algunas de las ideas más poderosas sobre cómo vivir con salud, también han venido de personas que no pasaron precisamente la vida acumulando diplomas universitarios.

Por ejemplo, Charles Chaplin, quien conoció la pobreza extrema antes de convertirse en uno de los artistas más influyentes de la historia, dejó una frase que sigue teniendo una sorprendente repercusión psicológica "la vida es una tragedia vista de cerca, pero una comedia vista de lejos”. Y lo que hoy sabemos desde la Psicología es que la capacidad para tomar distancia de los problemas, cambiar de perspectiva y utilizar el humor como estrategia de afrontamiento puede reducir el impacto emocional de situaciones difíciles.

Chaplin, de alguna manera, estaba adelantando una intuición que la investigación posterior acabaría respaldando.

Luego está la creadora de Pippi Calzaslargas, Astrid Lindgren, quien defendió durante toda su vida la importancia de tratar a los niñ@s con respeto y humanidad. Mucho antes de que la crianza respetuosa se popularizará, ella ya estaba recordándonos algo básico, que las personas crecemos mejor cuando no vivimos permanentemente bajo el miedo o la humillación.

Sin ser profesora universitaria de Psicología fue alguien que observaba la naturaleza humana con atención, y eso deja huella. Por eso, es importante recordar que la historia de la salud mental no la han/hemos construido únicamente investigadores, psiquiatras o psicólog@s.También lo hacen/hacemos madres/padres que rompieron/rompemos patrones familiares dañinos, abuel@s que enseñaron/enseñan que pedir perdón no te hace débil, amig@s que escucharon/escuchan sin juzgar, profesores y maestr@s que detectaron/detectan el sufrimiento donde otr@s solo veían/ven  “mal comportamiento”… Incluso es@s vecin@s capaces de preguntarte "¿cómo estás?" y que se quedan a escuchar la respuesta.

Porque la salud mental no es únicamente una disciplina. Es también una cultura que nos enseña a relacionarnos y nos recuerda que el bienestar psicológico no depende exclusivamente de la ausencia de trastornos.

No basta con "no estar mal". Las personas necesitamos sentir conexión, autonomía, sentido de pertenencia, competencias personales y relaciones significativas. Traducido al idioma del día a día, necesitamos tener a alguien a quien mandar un mensaje cuando el día se pone cuesta arriba, necesitamos sentir que servimos para algo más que para pagar facturas, necesitamos descansar sin sentirnos culpables y necesitamos equivocarnos sin dictar una sentencia perpetua contra nosotros mismos.

Uno de los grandes problemas actuales es que muchas personas se han convertido en sus propios departamentos de recursos humanos: se autoevalúan, se auditan, se comparan, se exigen demasiado y luego se sorprenden cuando se sienten agotadas.

¿Y qué pasa con la terapia? Aquí viene una aclaración importante porque hablar de autocuidado cotidiano no significa sustituir el trabajo de los profesionales. Del mismo modo que salir a caminar es saludable pero no reemplaza a un cardiólogo cuando hace falta, cuidar la salud mental a diario no sustituye la ayuda profesional.

L@s psicólog@s no estamos únicamente para intervenir cuando todo se ha derrumbado, también estamos para prevenir, para detectar señales tempranas, para ofrecer herramientas y ayudar a la personas a recuperar una visión más justa de sí mismas cuando la culpa, el miedo o la inseguridad han secuestrado el espejo.

Y esa prevención tiene un valor enorme aunque no siempre salga en los titulares.

Así que si quieres celebrar este Día Mundial de la Salud Mental, no hace falta que publiques una frase inspiradora sobre atardeceres. Prueba con algo más revolucionario…

DESCANSA, PON LÍMITES, PIDE AYUDA (Y/O ACÉPTALA…)

Y recuerda que estar cansad@, llorar o necesitar apoyo no es fracasar. (Y no poder con todo tampoco.) De hecho, probablemente sea una de las experiencias más humanas que existen.

Por último, antes de acabar, quizá compartamos una misma idea, que las personas podemos reconstruirnos, a veces lentamente, con ayuda y/o recogiendo los pedazos uno por uno. Precisamente de ese proceso habla mi libro “Cómo reconstruir tu vida desde cero” disponible en Amazon.

No prometo fórmulas mágicas, pero sí propongo reflexión honesta sobre cómo volver a levantarse cuando la vida ha decidido improvisar un terremoto en mitad del salón. Porque reconstruirse no significa volver a ser quien eras. A veces significa convertirse, por fin, en quien necesitabas ser.

Feliz Día Mundial de la Salud Mental. 

Y ojalá hoy te cuides con la misma paciencia y comprensión que ofreces a los demás.

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