Cada comienzo de año trae consigo una mezcla curiosa de ilusión y vértigo.
Enero es ese momento en el que nos atrevemos a mirar hacia adelante e imaginamos qué podría ser posible si ponemos intención, trabajo y un poquito de fe en nosotr@s mism@s.
Pero cumplir sueños no es solo cuestión de desearlos con fuerza, implica esfuerzo, constancia, resiliencia... y, sobre todo, aceptar que las cosas no siempre salen como las planeamos en nuestra cabeza.
Desde el punto de vista psicológico, la diferencia entre quienes avanzan y quienes se quedan paralizados no está en la ausencia de obstáculos, sino en la capacidad de tolerar la incertidumbre, ajustar expectativas y seguir caminando, incluso cuando el camino se tuerce.
Intentarlo ya es un acto de valentía. Y aunque el resultado no sea todo lo perfecto que se espera o el proceso nos confronte, siempre nos dejará algo valioso: aprendizaje, perspectiva, crecimiento... una historia nueva que contar.
A veces perseguir un sueño no nos lleva exactamente al destino que imaginábamos... pero nos convierte en alguien más fuerte, más consciente y más capaz de mirar la vida con otros ojos. Y eso, en sí mismo, ya es un logro.
Hoy quiero compartir con vosotros uno de esos pequeños grandes logros: he publicado un pequeño cuento para adultos.
Este cuento es breve, pero está lleno de vida.
Es una mirada tierna, honesta y luminosa a una realidad que a veces pesa demasiado.
Si te resuena, si te apetece leerlo, si quieres regalar y/o regalarte unos minutos de emoción y reflexión, te invito a descubrirlo: https://amzn.eu/d/bc0qgF4
¿Te ha gustado este post?
Estaré encantada de leer tus comentarios.

Comentarios
Publicar un comentario