Hay personas que piensan de manera diferente, y no me refiero a los que creen que el gazpacho se debe tomar caliente…
Me refiero a esas mentes que funcionan con una lógica propia, a veces brillante, a veces desconcertante, pero siempre fuera del molde convencional.
En el post de hoy os doy la bienvenida al universo de la neurodivergencia positiva, donde la diferencia no es un defecto, sino una versión premium del pensamiento humano.
¿Sabes qué puede significar eso de tener “genes rebeldes”?
Algunas personas nacen con capacidades extraordinarias (hay quien habla de configuración, o incluso desconfiguración neurológica específica) que les permiten ver el mundo desde ángulos inesperados. No es magia, ni es un superpoder (aunque a veces lo pueda parecer). Es una forma distinta de procesar, conectar, imaginar y resolver.
La inclusión auténtica implica escuchar, adaptar, respetar y no convertir la diferencia en ningún paripé. Porque si la neurodivergencia se convierte en un “spotlight forzado”, lo que debería valorarse como un talento se convierte en una carga, y lo que debería ser una oportunidad se convierte en una vitrina.
Y esto me lleva a la reflexión de qué preguntas deberíamos hacernos como personas “normales” (y lo que sea que eso signifique):
1. ¿Estoy dispuesto a entender que alguien piense diferente sin asumir que está “mal de lo suyo” (expresión que seguro que has escuchado alguna que otra vez)?
2. ¿Puedo convivir con una persona que necesita rutinas, silencio o estímulos distintos sin sentir que me complica la vida?
3. ¿Qué prejuicios tengo sobre lo que significa ser “inteligente”, “diferente” o “funcional”?
4. ¿Estoy dispuest@ a aprender de alguien que, aunque no encaje en mi molde, puede enseñarme cosas que ni imaginaba?
Spoiler: si respondiste “sí” a todo, enhorabuena.
¿Significa esto que todos los neurodivergentes son genios? NO
¿Significa que algunos pueden tener talentos excepcionales? SI
¿Significa que el sistema educativo sabrá qué hacer con ellos? Puessssss…. aquí hay mucha tela que cortar.
¿Por qué? Porque vivimos en tiempos donde la palabra “inclusión” se repite más que los anuncios de yogures con bífidus. Y aquí yo tengo mi propia opinión de lo que está siendo y lo que debería realmente ser.
¿Por qué? Porque vivimos en tiempos donde la palabra “inclusión” se repite más que los anuncios de yogures con bífidus. Y aquí yo tengo mi propia opinión de lo que está siendo y lo que debería realmente ser.
La inclusión no es ponerle una etiqueta a alguien y luego invitarle a una foto grupal entonando “te queremos fulanit@“…
No es decir “mira qué diverso es nuestro equipo” mientras se ignoran las necesidades reales de esas personas, que se esfuerzan por asemejarse a los que tienen la mala costumbre de creerse normales y sentirse “seres de luz” por hacer de abanderados de programas de inclusión solo para un ratito.
La inclusión auténtica implica escuchar, adaptar, respetar y no convertir la diferencia en ningún paripé. Porque si la neurodivergencia se convierte en un “spotlight forzado”, lo que debería valorarse como un talento se convierte en una carga, y lo que debería ser una oportunidad se convierte en una vitrina.
Y esto me lleva a la reflexión de qué preguntas deberíamos hacernos como personas “normales” (y lo que sea que eso signifique):
1. ¿Estoy dispuesto a entender que alguien piense diferente sin asumir que está “mal de lo suyo” (expresión que seguro que has escuchado alguna que otra vez)?
2. ¿Puedo convivir con una persona que necesita rutinas, silencio o estímulos distintos sin sentir que me complica la vida?
3. ¿Qué prejuicios tengo sobre lo que significa ser “inteligente”, “diferente” o “funcional”?
4. ¿Estoy dispuest@ a aprender de alguien que, aunque no encaje en mi molde, puede enseñarme cosas que ni imaginaba?
Spoiler: si respondiste “sí” a todo, enhorabuena.
Si dudaste, también.
Reflexionar ya es un gran paso, y si continuas leyendo, te voy a dar titulares de asimilación obligatoria:
- La neurodivergencia no es una moda ni una excusa. Es una realidad biológica, psicológica y/o social que merece todo el respeto, (y no tu condescendencia).
- La neurodivergencia no es una moda ni una excusa. Es una realidad biológica, psicológica y/o social que merece todo el respeto, (y no tu condescendencia).
- La genialidad no siempre viene envuelta en carisma social. A veces viene con ansiedad, con dificultades de comunicación, o incluso con una obsesión por los trenes o por los números primos.
- La diferencia no es un problema a resolver, sino una riqueza a integrar. Y no, no hace falta que todos seamos iguales para trabajar o convivir juntos. Lo que verdaderamente hace falta es que tod@s seamos escuchados.
Si tienes cerca a alguien con “genes rebeldes”, no le mires como si fuera un experimento de laboratorio, y hazlo como quien tiene acceso a una biblioteca secreta.
Si tienes cerca a alguien con “genes rebeldes”, no le mires como si fuera un experimento de laboratorio, y hazlo como quien tiene acceso a una biblioteca secreta.
Puede que no entienda los chistes de doble sentido, pero te explicará el universo con una claridad que ni Carl Sagan.
(Y si tú eres el/la de los genes rebeldes… ¡enhorabuena! No estás sol@, solo falta que el mundo aprenda a leer tu manual de instrucciones. Y aquí viene la mejor parte: ese lo puedes escribir tú mism@, con humor, con ironía… y con tu propio toque de genialidad.)
(Y si tú eres el/la de los genes rebeldes… ¡enhorabuena! No estás sol@, solo falta que el mundo aprenda a leer tu manual de instrucciones. Y aquí viene la mejor parte: ese lo puedes escribir tú mism@, con humor, con ironía… y con tu propio toque de genialidad.)
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